Domingo, 24 Octubre 2021

Semana Mundial del Parto Respetado – Limites, cuidados, vulneraciones y derechos.

Publicado el Jueves, 27 Mayo 2021 16:29 Escrito por

¿Qué imaginamos al escuchar sobre parto respetado? ¿Tener hijos en casa o en una pileta? ¿Prescindir de controles y seguimiento médico? “En realidad no es algo que se relacione exclusivamente con prácticas no convencionales durante el embarazo y nacimiento, sino con la garantía y el amparo de los derechos de los únicos protagonistas de ese momento: la madre y su bebé.

Una cesárea solicitada por una mujer informada y con pleno conocimiento de lo que significa el procedimiento y sus consecuencias, también puede ser un parto respetado”, responde Belén Castrillo, becaria del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET-UNLP).

Su interés en el tema nació a la par de su primera sobrina, luego de que su hermana fuera sometida a una cesárea bajo una anestesia total que los profesionales le aplicaron como castigo por estar nerviosa durante el trabajo de parto. Luego de tan traumática experiencia familiar, Castrillo direccionó su tesis doctoral a la atención médica de embarazos y alumbramientos en el marco de dos leyes argentinas que son de avanzada en el mundo: la de Parto Humanizado (25.929), que enumera los derechos de los padres y el recién nacido, y la de Protección Integral a las Mujeres (26.485), que describe a la violencia obstétrica como una de sus formas, precisamente cuando se vulneran aquellos derechos enunciados en la primera.

Desde allí, indagó en la heterogeneidad de ámbitos y modelos de atención, sobre los que se distinguen dos paradigmas: el hegemónico, que da un lugar preponderante a las intervenciones invasivas y a la medicalización del evento; y el humanizado, surgido en los últimos años de la mano de los movimientos feministas, que brega por el respeto a los tiempos fisiológicos naturales del cuerpo de la mujer y evitar prácticas que no sean estrictamente necesarias.

A través de entrevistas en profundidad a obstetras, pediatras, neonatólogas y parteras, y a parejas que tuvieron hijos en hospitales públicos, clínicas privadas y domicilios, Castrillo fue explorando este incipiente campo de estudios y se focalizó en el límite entre ambos modelos de atención. “Lo que define a uno y otro son las intervenciones médicas que se llevan adelante y cómo se interpretan en cada caso”, explica la becaria, y continúa: “Éstas pueden ser prácticas, por ejemplo una cesárea o una episiotomía, que es un corte quirúrgico en la pared vaginal para evitar un desgarro en la salida del bebé; o simbólicas, como no permitir a la parturienta estar acompañada por otra persona. Lo que observo es que cualquiera de ellas puede ser intervencionista o humanizada dependiendo de lo que hayan significado para las personas que las vivieron”.

“Durante mi análisis –señala Castrillo– tuve que volver una y otra vez al concepto de violencia obstétrica y descubrí que, si yo me hubiese propuesto buscar casos concretos, jamás los habría encontrado porque ninguna de mis entrevistadas se reconoce como víctima”.

Sin embargo, al cruzar sus testimonios con la definición objetiva que aporta la norma, la becaria comprobó que muchas experiencias sí califican dentro de esa modalidad. “Lo que pasa es que, básicamente, la mayoría de las personas no conoce sus derechos, y la violencia está precisamente en vulnerar esos derechos que no se conocen. Creo que en ese sentido el tiempo legal llegó antes que el subjetivo porque todavía nos cuesta apropiarnos de ciertas representaciones”, relata.

Además del trato deshumanizado, como por ejemplo frases del estilo ‘si te gustó hacerlo, ahora bancátela’ y que pueden ser fáciles de identificar, la definición de violencia obstétrica que figura en la ley también incluye “el abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales”, que en otras palabras consiste en considerar y tratar al evento como si fuera una enfermedad, algo mucho más difícil de etiquetar de “violento”.

“El parto es un hecho sexual que está atado a procesos hormonales y fisiológicos. Hace 200 años la hegemonía médica lo construyó como un evento médico, lo cual implicó dos cosas: que se hospitalizara y que se profesionalizara, reemplazando a las parteras por médicos. De esta manera, nos encontramos con transformaciones como la obligación de parir acostadas sólo para la comodidad del obstetra y que es como intentar defecar en esa posición: totalmente antinatural, por lo tanto, es violencia”, señala.

Además de la posibilidad de elegir la posición, otros puntos básicos que también enumera la ley 25.929 son el de estar acompañadas por otra persona tanto en caso de parto normal como cesárea, no ser separadas del bebé al nacer, no sufrir prácticas de rutina innecesarias como la colocación de una vía intravenosa por si acaso haya que pasar medicación. La vulneración de cualquiera de ellos es considerada violencia obstétrica pero, claro, para reconocer haberla sufrido antes hay que conocerlos, y esto lleva al que quizá sea el más importante de los derechos enlistados: el de acceso a la información.

“Los profesionales no son los malos de la película; esto tiene que ver con la formación que reciben. Por supuesto que están convencidos de que sus intervenciones son completamente necesarias, de ningún modo considero que actúen de mala fe. Pero están entrenados en todo lo que puede salir mal en lugar de adoptar un lugar de espectador atento a que el proceso se desate solo”, apunta Castrillo. Sobre el tema, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que entre el 85 y el 90 por ciento de los partos son de bajo riesgo, y en 2017 emitió una serie de recomendaciones entre las que califica a las cesáreas, episiotomías e inducciones como prácticas desaconsejadas que en ninguna comunidad deberían sobrepasar el 10 o 15 por ciento de los casos.

La Semana Mundial del Parto Respetado se celebra  cada mayo desde 2004 por iniciativa de la Asociación Francesa por el Parto Respetado (AFAR, por sus siglas en francés).

Del 16 al 22 de mayo se conmemoró la Semana Mundial del Parto RespetadoEl lema elegido para este año fue “El respeto por las necesidades de la madre y su bebé en cualquier situación”, y busca promover la importancia de contemplar en las medidas de cuidado para el COVID-19 los derechos de las personas gestantes y sus bebés.

De acuerdo a recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sistema sanitario debe garantizar un parto respetado y hacer cumplir los tiempos de gestación, aún en el actual contexto de pandemia por COVID-19.

Según el organismo, la atención de mujeres gestantes infectadas con el nuevo coronavirus no es un motivo para recomendar la realización de cesáreas, como tampoco para la supresión de la lactancia materna, cuyo valor nutricional es fundamental para la salud y el correcto desarrollo del recién nacido.

“En la ciudad tenemos cuatro maternidades y todas son hospital-escuela, quiere decir que los profesionales están aprendiendo con los cuerpos de las mujeres. La ley dice que pueden negarse a esas prácticas pero, ¿cómo podrían hacerlo si es su única posibilidad de atención?”, reflexiona la profesional al tiempo que recuerda a una entrevistada que llegó a recibir tacto por parte de diez residentes que estaban en la sala, y a las profesionales que reconocieron realizarle episiotomía al 90 por ciento de las primerizas para que los juveniles practiquen la sutura.

Castrillo, que durante su tesis impulsó diversas actividades de difusión e intervención social, planea ahora rumbear su investigación hacia la formación profesional de los médicos, “ya que es fundamental atender esa instancia como parte de la garantía del Estado de las políticas que discursivamente lleva adelante, así como incluir el tema en los contenidos de la Educación Sexual Integrada”, remarca.

¿Qué es un Plan de Parto?

¿Escucharon hablar alguna vez del Plan de Parto o de Nacimiento? Este tema, es muy poco difundido y muy útil para quienes tienen dudas de si su obstetra o institución van a cumplir sus pedidos respecto al nacimiento y las primeras horas del bebé.

La agrupación Las Casildas lo explica de esta manera: “El Plan de Parto es un documento escrito en el cual la persona gestante deja asentadas sus preferencias, necesidades y expectativas en relación a la atención durante el parto o cesárea, nacimiento y post parto. El mismo está enmarcado dentro de de la ley Nacional 26.529 de Derechos del paciente bajo la figura "Directivas Anticipadas" (art.11) y busca garantizar la participación activa de la persona gestante, así como el pleno acceso a sus derechos. Lo ideal es presentarlo entre la semana 20 y 30, con copia sellada y firmada al Director de la Institución/Hospital, Jefe de Obstetricia, Jefe de Neonatología y obstetra de cabecera”.

En Internet hay muchísimos modelos de Plan de Parto. El del Observatorio de Violencia Obstétrica de Las Casildas es de los más completos.

Algo importante por aclarar, es que el Plan de Parto no es solo el documento escrito (de hecho puede no estar) sino todo el proceso de empoderamiento por el cual la embarazada conoce todas sus opciones y elige de qué forma quiere traer a su hijo al mundo. En el proceso de armado uno se hace preguntas, debate con su pareja, busca información. Y todo eso, se deje por escrito o no, es sumamente importante.

Seguramente, muchas piensen que no tiene sentido plantearse este tipo de cosas, que cómo nosotras vamos a ir a decirle a un profesional de la salud qué es lo que queremos cuando él estudió años para estar donde está. Lo cierto es que hay muchas prácticas que se realizan por costumbre que son prescindibles y elecciones que podemos hacer que no están contempladas en el protocolo convencional.

En caso de hacer un Plan de Parto, la doula y musicoterapeuta Clara Baffa dice que para que el Plan sea bien recibido debe cumplir una serie de puntos que pasa a enumerar:

  1. Observar la redacción, si el tono es imperativo y a la defensiva, o es claro y firme, pero amable. El plan no es un ataque, su objetivo es manifestar las decisiones informadas. Si pedimos respeto, debemos respetar también al destinatario.
  2. Charlar previamente con el obstetra sobre todos los puntos, tantear cómo suele manejarse en su práctica diaria. Preguntar amablemente y de manera astuta para ver si es necesario cambiar de obstetra o de institución.
  3. Pedir entrevistas con las autoridades de la institución, y los profesionales que los atenderán, inclusive el servicio de Neonatología, presentarse firmes en sus decisiones informadas, pero abiertos al diálogo y -sobretodo- a escuchar.
  4. Evaluar si es mejor confiar en lo pactado de palabra, sin pedir la firma de las autoridades, en ese caso el plan de parto podría redactarse pero no presentarse.

Les comparto tres experiencias:

Maia Briolini, Trinidad Ramos Mejía, obstetra Gonzalo Guzman: “Yo presente plan de parto en acuerdo con el obstetra para cubrirnos a ambos frente a la clínica. Yo quería tener un parto sin intervención (sin vía con libre movimiento entre otras cosas) y como iba a parir en una clínica preferimos estar amparados obstetra y paciente por el plan de parto. Y si se me respeto la mayoría de las cosas ( lo único que no me respetaron fue que después de dejarmelo bastante tiempo, no creo que haya sido una hora, lo llevaron con el papa a otra sala para chequearlo. No lo bañaron ni le dieron ninguna vacuna como pedimos nosotros). Me quedé súper conforme y fui respetada por los profesionales presentes.”

Belén Hernández, Hospital Naval: “Intenté presentar plan de parto pero ni la obstetra ni la partera del curso de pre parto me lo quisieron leer. Ambas me prometieron que en la sala de parto me iban a escuchar, que no me preocupe. Eso no fue cumplido, me tocó una partera que me drogo e intervino manualmente para una rápida dilatación en contra de mi voluntad. Fue hace casi tres meses y todavía lloro y se me revuelve el estomago. Era mi segundo parto y la posibilidad de curar una violencia obstetrica terrible que había sufrido en mi primer parto en el Hospital Fernández. Tengo las 3 versiones de mi plan de parto intactas en uno de los folios de mi carpeta del embarazo.”

Luli Blanco, Finochietto, obstetra Jessica Campos Flores: Lo presente porque si bien la forma de proceder de mi equipo y del sanatorio es respetuosa con mamá y bebe, era una forma de quedarme tranquila de que no quede nada librado al azar y reducir lo máximo posible las intervenciones y manoseos que no deseábamos. Me relajaba la idea de tener todo charlado de antemano y plasmado en un papel.

Ayelén Macri, Trinidad Ramos Mejía: “Presenté Plan de Parto, porque si bien habíamos consensuado con obstetra y partera, me parecía importante contar con un documento escrito como respaldo. Fue presentado también al Jefe de obstetricia y de Neo. El primero nos dió respuesta por mail, y con el de Neo, tuve entrevista personal. Todo fue respetado tal cual lo solicitado. Hubo intervenciones mínimas en el trabajo de parto que fueron consultadas y aceptadas por mí. En cuanto a la Neo, también fueron respetuosos (ahora tienen la Hora sagrada como protocolo de la clínica)”.

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