Miércoles, 27 Octubre 2021

Feminismo. Cuidados y desigualdad

Publicado el Sábado, 08 Mayo 2021 09:27 Escrito por Beatriz Garrido para Revista La Barraca

En esta época de pandemia el tema del cuidado ha tomado relevancia ante las consecuencias que tiene el Covid19 en la vida humana.

Recordemos que, impulsado por el movimiento feminista, se generó una ampliación del concepto de cuidado, que pasó a ser valorado no sólo como una cuestión de atención a personas dependientes, sino que comenzó a entenderse como un trabajo imprescindible, para lograr cubrir las necesidades que todas las personas requieren para el mantenimiento y sostenibilidad de su vida, como señalaron Izquierdo, Himmelweit y Lewis.   

Desde hace ya algunos años el cuidado, que se ha jerarquizado en la agenda de todos los países, es valorado y el plantearse la necesidad de hacerlo visible, fue derivando en cambios conceptuales a partir de los cuales dejó de ser una “obligación exclusiva de las mujeres”, y que se ha transformado en una responsabilidad compartida de toda la familia, el Estado, el mercado laboral y la sociedad en conjunto. Así lo entienden ministerios a nivel global que implementan políticas públicas que responden a esta lógica.

A pesar de los avances logrados, la concepción tradicional de cuidado se plasma en unos valores asignados a las mujeres en donde la responsabilidad de la atención tanto de hijos e hijas, como de las personas que la requieren, es tarea inherente al sexo femenino, impregnando la ideología y las prácticas sociales que entrampan a las mujeres en su papel de “cuidadoras”.

María Jesús Izquierdo realiza una muy buena síntesis sobre los aportes teóricos que desde la literatura feminista se vienen realizando y argumenta que existe una coincidencia casi generalizada en establecer una asociación estrecha entre el cuidado y las mujeres, sea por el hecho de que es el tipo de trabajo considerado propio de las mujeres, como por el tipo de cualidades que se tienen o se desarrollan con esta actividad. Aunque menciona que hay otras autoras que se resisten a reivindicar la ética del cuidado como únicamente femenina, puesto que hay evidencias de todo signo respecto a la asociación entre sexo y cuidado, dado que el cuidado no es necesariamente una actividad beneficiosa, sino que hasta puede causar daños. La relación entre cuidado y género puede ser percibida como resultante de una asociación más profunda y general, puesto que el cuidado es una actividad característica de los colectivos desfavorecidos y las cualidades, actitudes personales y orientación ética propias del cuidado, se hallan en colectivos como los afroamericanos o personas con niveles socioeconómicos bajos. De igual modo, Izquierdo señala otras miradas en donde se plantea que es retórico tomar a las mujeres sólo como cuidadoras o sólo como víctimas.

Pensar en la ética del cuidado, dice Santacruz Caicedo. supone nombrar un constructo teórico que se orienta a analizar la interacción, esencialmente humana y emocional. Carol Gilligan introdujo el nombre de “ética del cuidado” para aquella ética que otorgaba voz a las mujeres y sus valores morales. No aparece como una ética alternativa, sino como una perspectiva nueva, necesaria en ética, una perspectiva que históricamente había sido relegada de los estudios teóricos, pero no por ello era poco importante, sino que requería ser considerada, pues frente a una ética que suponía a los principios morales abstractos y, entre ellos a la justicia como el mayor de los valores, tenía que considerarse de igual modo una ética donde el cuidado pasase a ser la referencia primaria.

Desde el planteo de las diferencias de género, la propuesta de Gilligan aparecería como adecuada al concebir que la madurez consista en la integración de las distintas voces, justicia y responsabilidad para unas y otros, aunque los diferentes sexos tengan puntos de partida distintos, como ha estudiado Gloria Martín.

En la ética del cuidado pueden observarse nuevas categorías morales; las propias de las que tradicionalmente han sido las cuidadoras de la humanidad en todas las culturas; el cuidado por excelencia se muestra en las actitudes maternales realizadas por las mujeres, pero no sólo en ellas. En diversos contextos sociales y culturales, las mujeres han sido las encargadas de ofrecer cuidados a sus hijas e hijos, a la ancianidad, a sus familiares más vulnerables, a las personas con discapacidades y a quienes sufren enfermedades. Y esto es la consecuencia de procesos culturales en la adjudicación de funciones a varones y mujeres en las sociedades occidentales. La propuesta de nuevos valores en la ética del cuidado gira en torno a mostrar una sensibilidad empática para comprender el punto de vista del otro.

Gloria Martín advierte que la ética del cuidado no aparece como contrapuesta a la ética de la racionalidad y de la justicia, sino que representa la otra mirada, la razón escondida pero presente que nuestro tiempo descubre como eficaz e imprescindible. Dentro de esta lógica, la ética del cuidado no quiere ser presentada sólo como una ética femenina, aunque reconoce que sus valores han sido ejercidos en muchas culturas de modo prevalente por las mujeres; la ética del cuidado pretende ser una nueva dimensión de la ética general, en definitiva, una nueva dimensión humana que compromete tanto a varones como a mujeres.

Una de las formas en que la teoría feminista ofrece a las mujeres herramientas para hacer frente a su opresión es mediante una crítica a los valores y las normas sociales. Seyla Benhabib y Celia Amorós elaboraron una crítica de las teorías morales universalistas desde el punto de vista feminista, “entre el modelo de la justicia como reciprocidad, del contrato, y el del cuidado como don voluntario, como caridad, está la responsabilidad, la solidaridad. Este énfasis en la responsabilidad no debe suponer más cargas para las mujeres. Se trata de disminuir las responsabilidades en lo privado, para lo cual deben ser asumidas por las instituciones y por los varones, y de aumentar la responsabilidad en lo público, se trata de sustituir una responsabilidad absoluta en lo privado por una corresponsabilidad con los varones en lo público y en lo privado. Los avances de la situación de las mujeres han llevado a que muchas hayan ampliado su responsabilidad a lo público en diferentes grados. También han disminuido algo sus cargas en lo privado: hospitalización, escuelas infantiles, pero el cambio resulta aun claramente insuficiente”.

La CIM (Comisión Interamericana de Mujeres) de la OEA llama a resignificar los cuidados tanto en el mundo de lo público como en el privado, reconociendo que esta profunda habilidad desarrollada por las mujeres sostiene el mundo hacia el cuidado de las personas, la tierra, la economía y la paz.

Por su parte Vijay Prashad en una investigación realizada entre el inicio y el desarrollo de la pandemia, señala que 64 millones de mujeres quedaron fuera del mercado laboral asalariado, mientras la mayoría de las mujeres debieron ocupar más tiempo en el trabajo de cuidados no remunerado que antes del confinamiento del período 2020-21 y agrega que, en una gran mayoría son mujeres las que están supervisando la educación de niñas y niños, manteniendo los hogares, que luchan con la disminución de ingresos y cuidan a las personas mayores que son las más susceptibles a los peligros de Covid-19.

Visto 1224 veces

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.